Cuando florece una encuesta el paisaje político se nubla de estupideces. Conviene suponer que, de puertas adentro, alguien habrá en cada partido que estudie hipótesis y las consecuencias que quepa extraer de la opinión pública auscultada.
Si así no fuera, lo que se ve incita a mandar a paseo esa superestructura que consume parte de nuestros dineros en nada productivo. Podemos no tiene la exclusiva de la indignación; bueno, ni de nada regenerador.
Pero esa moda estrafalaria de lo políticamente correcto impide juzgar, llamar a las cosas por su nombre. Lo justo está preterido, olvidado al pié del tótem de lo establecido: el relativismo, el mirar de soslayo, el pan para hoy, el todo gratis y demás lindezas debidas a las llamadas conquistas sociales.
La política que necesita España ha de estar fundamentada en lo que es justo; no desde lo políticamente correcto, concepto éste ambiguo donde los haya, sino desde valores y los principios necesarios para reemprender la marcha interrumpida por la maldita crisis y los errores incurridos por el conjunto de la sociedad; no sólo de los políticos. Continue Reading ▶






