El papelón de Rivera

Derecha, izquierda...

Derecha, izquierda…

Sánchez le utiliza como peana para sacar cabeza sobre Rajoy y de espantapájaros con el que mantener a Iglesias a cierta distancia; bonito papel ancilar el de Rivera. Su afán de protagonismo le ha convertido en salvavidas del socialista con peores resultados en la historia de su partido. Quizá para impedir su acceso al poder, apoyando una investidura popular en caso necesario, fue elegida buena parte de los cuarenta diputados C’s que hoy están rendido s a sus pies.

Además, con los 130 diputados que su matrimonio de conveniencia con Rivera le aporta, a Sánchez no le será excesivamente difícil convencer a sus barones y princesa andalusí de que el necesario apoyo de Podemos, tan sólo 65 escaños, la mitad de sus 130, ya no es un gran problema. Olvidaros del referéndum catalán, les dirá, y pelillos a la mar con la impertinencia de la cal viva; mejor será tener a estos deschaquetados dentro que haciéndonos la vida imposible desde fuera.

Pero a poco avisado que sea, Sánchez puede ya suponer que, tras otro traspié, su pareja puede dejarle plantado con la misma sans façon con que Rivera ha frustrado la confianza de buena parte de sus propios electores.

A Rivera le estará rondando el sueño de alcanzar la presidencia del Gobierno tras el descarte de los dos primeros competidores. ¿Por qué imposible, cuando he leído que un historiador tachó de inmenso error la llegada a la Moncloa de Adolfo Suárez, y ahí está su firma al pié de la Constitución? Si el gran aeropuerto de Madrid lleva hoy su nombre, el del Prat podría el día de mañana llevar el mío… Continue Reading

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Toca comerse las palabras

No pudo ser

No pudo ser

Ostentosa es la falta de nivel entre los próceres que han ocupado la tribuna del Congreso, y hasta en su misma presidencia. Los pactos, por trasversales que se proclamen, no garantizan ni aportan la auctoritas precisa para ejercer este papel. Infundía conmiseración ver al presidente López navegar al término de la sesión ante peticiones con mayor o menor sentido, casos del ciudadano Girauta o del popular Hernando, respectivamente. La cuestión se le fue de las manos.

Breve reflexión sobre el caso del pobre López. Por mor del dialogo y los pactos como bienes supremos y, sobre todo, imagen personal y bandera electoral, Rivera ejerció de casamentero entre populares y socialistas para formar la mesa del Congreso. Los populares, conscientes de que ya no tenían la mayoría pero suponiendo que los demás reconocerían el derecho a formar gobierno a quien ganó las elecciones, en aras del equilibrio institucional cedieron esa pieza.

Pero ¡ay! sólo se cumplió la primera parte. Sánchez evitó cualquier contacto con Rajoy, por lo que el apestado se quedó a verlas venir; concretamente a ver cómo se las arreglaba el segundo clasificado por las urnas para formar un gobierno estable. Sánchez sacó pecho ante el Rey y con su encargo comenzó la farsa del dialogo con todos pero sin todos. Le prohibieron el roce con Iglesias y se echó en brazos del matchmaker que le había conseguido la presidencia del Congreso para uno de los suyos. Continue Reading

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Fin de la farsa, cae el telón

Cámara, acción...

Luces, cámara, acción…

Sea cual fuere el desenlace del espectáculo montado por el candidato a la investidura, el telón está a punto de caer. La farsa habrá concluido. Un pretendiente sin posibles echó su cuarto a espadas sin otro provecho que revelar la escasa relevancia que se oculta tras una desmedida ambición. Si fuera coherente aprovecharía el fin de semana para devolver el bastón de mando de su partido.

Precedentes tiene sobrados, cercanos y con menores deméritos a las espaldas. Pérez Rubalcaba lo hizo tras perder las Europeas del 2014. Fue la dimisión que abrió las puertas al sucesor que ha dilapidado 1,5 millones de votos en las Generales del pasado diciembre, 20 escaños y quedó a 1,3 millones de quien las ganó. La lista que encabezaba en Madrid ocupó el cuarto y último lugar para la atribución de concejales. Una serie imbatible de records.

Pero entre que la osadía no conoce límites y lo que el instinto de conservación empuja a quien se ve expulsado del poder, “fuera hace mucho frío”, Pedro Sánchez cogió al vuelo la oportunidad que le ofreció la retranca de un Rajoy tan ayuno de apoyos como él y, además, sin ganas de enfrentarse a la demagogia de los recortes y la realidad de las corrupciones.

Y así comenzó el non stop show que ante cámaras y micrófonos ha acabado mareando a los españoles. Reuniones a dos, o cinco bandas, entradas y salidas discretas para negociar un maridaje de conveniencia con el personaje más fácil del elenco, y con más ganas de balón.

Albert Rivera vio cómo las circunstancias podrían acortar drásticamente el período de maduración de su gran sueño: conducir una nueva transición. Para ello hizo de Ávila su Meca particular. Comenzó por Guisando, para recoger el Premio Gredos que compartió con un futbolista y un carnicero locales; la Ejecutiva Nacional de Ciudadanos salió por vez primera de Cataluña para celebrar en el parador abulense en noviembre, y en diciembre allí dio uno de los dos exclusivos mítines que programó en Castilla-León. Auparse sobre el recuerdo de Adolfo Suárez no le bastó para conseguir el diputado abulense que pretendía.

Entre el cordón sanitario con que Sánchez mantiene a los populares en cuarentena y la frontera infranqueable con que Rivera guarda las distancias con Iglesias, su rival en el fenómeno de la emergencia, el pacto por ambos sellado estaba destinado al fracaso.

Pero ambos se perfilaban así como políticos responsables, los únicos capaces de entender los resultados de las urnas. El mensaje mil veces repetido embota los sentidos para apreciar la realidad tal cual es: uno y otro saben de antemano que no conseguirán lo que con sus propios actos van a hacer imposible.

Y la farsa concluye a golpes de insultos y descalificaciones para volar los puentes de entendimiento de que tanto presumieron pero en los que nunca creyeron. Estaban apostando a que en unas elecciones próximas el electorado premiará a quienes durante todo un mes aparentaron ante las cámaras esforzarse hasta la extenuación en el tendido de los puentes precisos para alcanzar el paraíso del cambio de progreso; con todos, pero sin todos; ni por la izquierda ni por la derecha; hacia adelante o para atrás, ¿cambio o recambio?

La caída del telón puede devolvernos la realidad. Es lo que ocurre cuando acabada la función actores y espectadores salen del teatro a la calle.

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Rivera y el trabajo sucio

Millán Astrai con Celia

Millán Astrai con Celia

El guerracivilismo de Iglesias y ver a Rivera haciéndole a Sánchez el trabajo sucio sobre la corrupción en el PP fue, en mi opinión, lo relevante en la jornada segunda de la fallida investidura. Con los tropecientos socialistas investigados por los miles de millones distraídos de su buen fin en la Junta andaluza, por ejemplo, el candidato no podía arriesgar entrometiéndose en los desmanes acaecidos en territorio popular. Y Rivera cumplió el triste encargo entre citas de Churchill y la ya tópica  apropiación indebida de la memoria del presidente Suárez.

Lo de Iglesias es como para echarle de comer aparte. Resulta insólito ver a un diputado, joven como él lo es, hurgar en la memoria más negra de España con tanto ardor como ausencia de pudor. Su discurso era propio del año 1934, Asturias y la revolución de octubre promovida por los socialistas, el Estado Catalán proclamado por la Esquerra de Companys y demás modalidades de golpes de Estado con que las izquierdas torpedeaban el primer gobierno conservador de la II República.

Oírle hablar del dictado de las oligarquías, crueles con los humildes y serviles con los poderosos, de crímenes de Estado… en fin, todo un muestrario de lo que superaron los patriotas de la Transición, reveló hasta qué punto se han roto las costuras de la convivencia política y perdido el sentido del ridículo.

El colmo fue la referencia a Millán Astray, el general fundador de la Legión, amante de Celia Gámez y luego padrino en su boda. Mentar al general que se sentaba, primeros años cuarenta, en el mismo hemiciclo en el que ahora le citaba Iglesias, remangada la camisa y el puño en alto, resultó surrealista. Ni Groucho, Tip, Boadella o el mismísimo Dalí habrían podido superarlo. Continue Reading

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Sánchez pierde la moción de censura

La felicitación del socio

La felicitación del socio

Sin saber hasta dónde podría llegar ni cómo, Sánchez pidió cartas para jugar a ganarse la presidencia del Gobierno. Fue hace un mes, tiempo que solicitó para hacerse cargo de la situación ante tan suculento resto sobre la mesa. Cumplido el plazo ayer abrió la partida pero, ¡ay! no tenía triunfos suficientes en la mano; apenas una figura, escaso bagaje para llevarse las apuestas acumuladas sobre la mesa.

Mendigó nuevas cartas pero la mayoría cortó el juego; no tuvo ocasión de mejorar. Ni a derecha ni a izquierda encontró facilidades ni otros cómplices más allá del que él mismo llevaba invitado. En tal situación tiró de retos hacia su izquierda y de insultos a la derecha. Resultaba chusco verle maltratar a quien se sentaba a la mesa con más recursos y mérito acumulado en los últimos cuatro años. ¿Era aquello un discurso de investidura o una moción de censura?

La mitad de la hora y media con que llamó sobre sí mismo la atención del país, o trató de hacerlo, la dedicó el candidato al descrédito personal del presidente del Gobierno en funciones, a la reprobación de cuanto su gobierno hizo durante la última legislatura, y a despreciar a los 122 diputados populares que allí se sientan en nombre de siete millones trescientos mil ciudadanos, un millón y pico más de los que apoderan a los noventa suyos. No le interesan, no están entre las fuerzas del cambio. O del recambio, porque buena parte de los propósitos enunciados en lo que el discurso tuvo de investidura tenían un fin único: derribar lo construido durante cuatro años. Continue Reading

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Sánchez, trampas y Podemos

La cucaña nacional

La cucaña nacional

Algunos creyeron haberlo visto todo, pues no; se equivocaban. Lo último de Sánchez amerita pasar a una antología de los disparates políticos. Con el complaciente aguante de los órganos de gobierno de su partido, la exhibición de falta de vergüenza ante su socio, el Ciudadano Rivera, es digna de figurar entre los Guinness World Records. ¡Pero si es Podemos a quien necesita a su lado!

Se comprende que sus conmilitones no opongan resistencia a las ansias del muchacho para presidir el Gobierno de España; al fin y al cabo los presupuestos del Estado dan para cubrir muchas necesidades. A ver quién impide trepar por la cucaña del poder a “uno de los nuestros” que luego repartirá aquí abajo lo que allá arriba encuentre.

Pero lo de los engatusados socios no tiene mayor explicación que la de “y ahora cómo salgo yo de ésta”. Los edecanes de Sánchez ya habían dado muestra del valor que para ellos, la primera parte contratante, tiene un pacto puesto en escena con la solemnidad propia de los que hacen historia. En horas veinticuatro comenzaron a desdecirse, matizar, ampliar y contextualizar lo firmado con la segunda parte contratante, que hoy no sabe dónde meterse. Y una vez ganado el pseudoplebiscito del jefe reescribieron lo pactado para remitir sendas cartas a la medida de cada una de las ramas de Podemos. Pactos, capacidad de diálogo a derecha a izquierda… Continue Reading

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