Lo que está pasando en los Estados Unidos demuestra que la democracia no es asignatura que se aprenda en cuestión de días, ni décadas siquiera, y mucho menos en las facultades de ciencias políticas.
Más de dos siglos y cuarto han sido precisos para que, tras una campaña plagada de insultos y mutuos desprecio a cara de perro, Barack Obama y Donald Trump estrecharan sus manos en la Casa Blanca después de noventa minutos de conversación sobre los asuntos, “agradables o dificultosos”, que esperan la atención de la presidencia. El presidente la calificó de “amigable” y el sucesor, de “excelente”.
Hasta hace una semana habían mostrado en público sus peores instintos; ayer Trump dijo que esperaba contar con el consejo del presidente saliente, a quien calificó como muy buen hombre por el que siente un gran respeto, y éste expresó su satisfacción porque el presidente electo hubiera mostrado interés en trabajar con su equipo. Y es que “si usted tiene éxito, el país tiene éxito”, rubricó Obama.
Ahí está el secreto de la democracia: “No somos demócratas antes que nada. No somos republicanos antes que nada. Somos americanos antes que nada. Todos queremos lo mejor para este país”. De ahí sale el dialogo, quizá el entendimiento y ojalá la concertación de intereses y objetivos que hacen de la democracia el mejor de los sistemas de gobierno inventados por el hombre. Continue Reading ▶






