Es una definición de la política que iluminó el primer discurso presidencial de Trump: nacionalpopulismo. No caben demasiados análisis porque no hay nada que analizar cuando nada sustancial se expone. El flamante presidente estadounidense se limitó a dar un mitin más, como si la campaña electoral siguiera abierta. Nada nuevo, apelaciones a los peores instintos de una ciudadanía escindida tras la ruda confrontación entre el populista millonario y la millonaria establecida. El pueblo, vosotros conmigo al frente, contra el establishment, ellos, los que gobiernan.
Lamentable como apertura de una presidencia, institución que se debe a todos, washingtonianos incluidos. El empresario que ha sorprendido al mundo al llegar hasta donde hoy está, se sorprenderá a su vez cuando perciba que los eslóganes no bastan para gobernar.
Por el momento no hay más programa que contraprogramar a Obama. Pero ni el populismo saca a los pobres de pobres, axioma histórico, ni el nacionalismo paga dividendos más allá de los primeros ejercicios.
En la tribuna del Capitolio apareció el peor Trump de los posibles. El futuro podría depararnos sorpresas al respecto, pero de momento el personaje figura en la nómina de los vulgares agitadores; nada muy diferente, salvo sus invocaciones al sumo hacedor, de nuestro Iglesias Turrión. Pero ¡ay! aquel gobierna algo más serio e influyente en el mundo que el ayuntamiento de Cádiz, Barcelona e incluso Madrid. Continue Reading ▶






