Reclaman ser llamados anticapitalistas, pretensión con la que traga el buenismo alojado en tantos medios, pero se trata de simples provocadores; eso sí, gamberros e inciviles como pocos. Esos sujetos que tienen cogido al presidente de la Generalitat por donde el paciente del cuento agarra al dentista tras advertirle “¿verdad que no vamos a hacernos daño?”, hacen hoy en Cataluña el papel que los etarras cumplieron en el País Vasco durante la transición democrática, dar coces al árbol para que cayeran las nueces que apañaba el PNV.
Aquella derecha nacionalista que encabezaba el ex jesuita Arzallus/Arzalluz sabía aprovechar los frutos del terror. La abstención que propugnó en el referéndum constitucional fue apuntalada durante los tres meses previos por ETA con treinta asesinatos, treinta. De ellos, tres ocupaban la televisión y primeras planas de los diarios el mismísimo día de reflexión, 27 de diciembre de 1978.
Pero no es el caso del nacionalismo derechista catalán, hoy sin otra referencia que Puigdemont, el periodista y ex alcalde de Gerona que funge como presidente de la Generalitat. La hibernación a que fue sometida la Convergencia pujolista tras los desmanes de su fundador ha dejado el parlamento catalán en las garras de los desgarramantas que rompen y queman fotos del Rey. Machotes ellos. ¿Y qué decir de las diputadas regionales? Continue Reading ▶






