Los populismos no distinguen entre integristas y revolucionarios; ambos son tal para cual, como demuestran los enfrentamientos con la prensa del extraño presidente norteamericano y aquí de los no menos estrafalarios podemitas.
Los populistas acosan acá y allá al periodista que no transmite la consigna con la pulcritud e inmediatez que lo hacen los tuits y wasap con que los nuevos dictadores pretenden relacionarse directamente, sin molestos intermediarios.
Poco importa que nuestra Constitución reconozca el derecho a comunicar libremente información veraz por cualquier medio y afirme que ese derecho no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa. O que la norteamericana, en su primera disposición adicional, ammendement , disponga que el Congreso no podrá limitar la libertad de expresión ni de prensa. Para el populista las libertades no pueden entorpecer la marcha hacia un mundo nuevo; su disfrute ha de estar al servicio de más altos intereses. Continue Reading ▶






