Lo que viene llamándose política poco tiene que ver con las clásicas acepciones del término. Para la mayoría de los pensadores la política tiene como objetivo el poder. Pero muchos de entre ellos cualifican esa actividad con la búsqueda del bien común, y alguno, caso de Aristóteles, la asocian a la ética. No es lo que estamos viviendo.
Cuando al adversario se le aplica la categoría de enemigo la política se transmuta en guerra. El acoso y derribo es la muestra más común de la hostilidad que ha sustituido al desacuerdo. Casos de acoso y derribo, como el sufrido sin razón por la presidenta de Madrid a costa de su titulación académica, sólo sirven para resquebrajar las bases del otro. Y qué decir del episodio del mantero de Lavapiés.
Por ahí entraron en tromba los podemitas, anarcos y okupas que han florecido tras la crisis y la falta de buen gobierno. La mentira grave es, pero cuando va preñada de acusación delictiva, como es el caso de Mbaye, cae en el delito. Los antisistema organizaron su día en la calle a costa de un pobre hombre que sufrió un infarto a pocos pasos de su alojamiento sin que el policía que por allí andaba pudiera recuperarlo. Continue Reading ▶






