¿Por qué alguien que fue algo no puede resistir la tentación de caer en la impertinencia?
Aznar fue un brillante presidente del PP. No lo fue tanto su paso por el Gobierno, dos legislaturas llenas de luces y sombras. Razones tiene para hallarse satisfecho por diversas iniciativas políticas europeístas, atlantistas y liberalizadoras, por ejemplo, pero también otras muchas para sentirse abochornado.
En la herencia que dejó a sus sucesores están las dos cuestiones utilizadas por Sánchez y Rivera, entre otros, para derribar el reciente gobierno popular: la corrupción y el golpe nacionalista catalán.
La pléyade de sinvergüenzas que lo palmearon en derredor es desmesurada, desde un vicepresidente y algunos ministros de su propio Gobierno hasta conseguidores de baja estofa con entrada en la corte y trato preferente.
De la necesidad quiso hacer virtud y a cambio de su investidura entregó al gran padrino catalán la educación básica y cuanto le pidió. De cuanto sembró aquella convergencia nacionalista de golfos apandadores han salido las generaciones lanzadas a la sedición sofocada con el 155. Continue Reading ▶






