Sánchez está condenado a vivir en el filo de la navaja con que asaltó el poder. Su inestable figura recuerda a los violinistas de Chagall que inspiraron el título del musical basado en un cuento judío de Sholem Aleikhem. Tevie, el lechero de Anatevka, se duele: “en nuestro pueblo cada uno es un violinista en el tejado que intenta ejecutar una tonada sin romperse la cabeza”. Pues en esas está el fan de los Killers.
Dentro de su banda, los sediciosos han puesto pies en pared. Los abalorios no les sirven ya, ni federalismo ni repetir el Estatut; cuentos para quienes ya quemaron las naves. Independencia o nada, república o nada, y un solo dios verdadero, Puigdemont.
El forajido ya ha empezado a mostrarle cuán frágil es la existencia de quien apenas tiene un 28% de escaños en el Congreso. Echarse en brazos del comunismo populista, abrir la tumba del dictador e iniciativas de similar enjundia, puede servir para salvar un charco pero con ellos no podrá pasar el río de la legislatura; como el alacrán, llevan la picadura mortal en sus genes. Continue Reading ▶






