Sinfonía patética

“Alcalde: todos somos contingentes, pero tú eres necesario”, grita un mozo al alcalde que lleva a las fiestas del pueblo a una señora estupenda en esa maravilla surrealista que Cuerda filmó hace ya más de veinte años, “Amanece que no es poco”.

Como salido de otro mundo surrealista, el presidente en funciones se esfuerza en decir cada vez más desatinos y en voz más alta. Me recuerda a Saza disfrazado de Guardia Civil disparando contra el sol en aquella misma obra de Cuerda. Pero más patético. Aquello de “yo no aguanto este sin dios” que el cómico catalán grita porque el sol ha salido por donde menos lo esperaba cuajaba en cómico. Lo de nuestro hombre es patético. Como un despedirse sin saber cómo.

Tchaikovsky compuso su última Sinfonía un año antes de morir. No le puso título a lo que hoy llamamos Sinfonía Patética. Fue un hermano quien así la bautizó, como tampoco es debida a Beethoven, sino a su editor, la denominación de Patética a su octava sonata para piano. Parece pues como si los protagonistas no cayeran en cuenta de lo que inspiran sus echos.

Vista desde fuera, la rebeldía contra lo imparable produce sentimientos encontrados. Para algunos podrían ser de admiración, si el rebelde patético no fuera culpable de sus desgracias; para otros, de franco desprecio. Y quizá algunos sintamos simplemente vergüena ajena viendo cómo una posición tan relevante como la de Presidente del Consejo de Ministros es devaluada sin remisión.

Con lo elegante que, llegado el caso, suele resultar un digno mutis por el foro. Pero hay quien prefiere morir matando.

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Los árboles y el bosque

Desde lejos las cosas se ven mejor, o diferentes al menos. Tenemos tan gastada la capacidad de valorar, comprender, que sólo desde cierta distancia se aprecia el conjunto de lo que pasa. Hipermétropes estamos.

La sabiduría popular cinceló aquello de que los árboles no dejan ver el bosque. Desde República Dominicana, por ejemplo, resultan fútiles los motivos de pelea en que se enzarzan algunos ante las elecciones locales próximas. Y no acaba de comprenderse el atrevimiento de los mentirosos, los pusilánimes, los machistas -de pretender ser más macho que el otro-, en fin, de la fauna nacional que cursa carreras políticas.

Cuando el país está hecho unos zorros, cómo puede perderse el tiempo en enredos y rifi-rafes como si esto fuera una linda kermesse?

Parece como si las gentes con talento probado se hubiera tomado vacaciones. Y sabido es que la masa sin levadura no hace pan, que es lo que hoy muchos necesitan.

Váyanse por donde vinieron los arbitristas que han jodido el país, y pídannos perdón quienes calientan los ánimos con cataplasmas rancias. No saben lo ridículos que resultan vistos desde aquí, fuera del ruedo. Ibérico.

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Y líbranos de las campañas…

Será que nos lo merecemos. O que tenemos demasiadas culpas que penar, pero aguantar dos semanas más a los políticos sueltos por las calles de España puede terminar con nosotros. O con nuestra capacidad de raciocinio, al menos.

Pobre Felipe González, diciendo lo que no piensa para que los dos perdedores que ayer le flanqueaban en Madrid  no digan mañana que no echó una mano en este final del adanismo neosocialista. Y de paso, velando las armas de su candidato a sucesor: “con Rubalcaba a la cabeza” el gobierno Zapatero ha sido el más eficaz en la lucha contra el terrorismo.

Espectacular. El ex se muestra capaz de superar al actual, que tampoco acusó falta de trapío con aquello de que “la derecha no cree en el matrimonio entre personas del mismo sexo, ni en el derecho al aborto, ni en la ley de igualdad“; las tres grandes aportaciones dogmáticas de ZP, Aido, Rubalcaba y Pajín, entre otros. Pero aún fue más allá en Gijón: “el PP desmantelerá el Estado de Bienestar y lo dejará al pasto de la inversión privada”.

Lástima que de bienestar haya dejado tan poco, y qué decir de cómo quedan las capacidades de la inversión pública; imposible la habeis dejado para vos y para mí, como Zorrilla puso en boca de don Luis, hecho una fiera por haberle arruinado don Juan el amor de doña Inés.

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El fenómeno Rubalcaba

Curioso lo de Alfredo Pérez Rubalcaba. El día de mañana podría ser puesto en las escuelas como ejemplo de fenómeno físico, ya saben, aquellos que no cambian la naturaleza de las cosas; como la congelación o la evaporación. Cambian su forma, pero el agua sigue siendo agua. Es el caso de Rubalcaba. Dice una cosa y su contraria con idéntica capacidad de convicción; como la goma estirada que vuelve a su ser una vez soltada. El secreto está en que no se cree nada, ni que Bildu era un malévolo disfraz de ETA ni, como  ahora sostiene, que es la vía ideal para acabar con ETA. A falta de aurora boreal, para fenómeno admirable nos basta con el vicepresidente.

Ayer hacía alardes en un mitin electoral, llamaba abyecto a un adversario político y defendía la independencia del Tribunal Constitucional exponiendo al aplauso de sus militantes a quien fue su segundo presidente Francisco Tomás y Valiente, asesinado por ETA, cuatro años despues de dejar el cargo, en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid. La prueba del algodón: si ETA mata a un presidente del Constitucional, ¿cómo el Constitucional va a estar coludido con ETA?

No cabe, o quizá aún sí, mayor grosería intelectual en un doctor universitario como mi paisano Rubalcaba lo es. Cuando lo oí no pude menos que recordar al primer presidente de tan alta institución, don Manuel García Pelayo, a quien correspondió, también con su voto de calidad, bendecir la expropiación de Rumasa decretada por el gobierno de Felipe González que le había propuesto para el cargo un año antes. El respetado jurista dimitió en 1986 al parecer víctima de las tensiones que aquello le produjo y marchó a Caracas, donde murió cuatro años y medio después.

Ese es el otro tipo de fenómenos, los químicos, cuyo carácter irreversible impide la regeneración de la sustancia original. Ejemplo típico: la combustión. De la cerilla encendida aplicada al papel no es posible volver al papel ni a la cerilla. Otro en ciernes: el zapaterismo; aplicado al país no acabará con éste, pero de aquél no quedará ni memoria. Me lo recuerda mi amigo JJ: “deja ya de hablar de él, en doce meses nadie sabrá quién fue”. Ojala.

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Estaba cantado, ganó la mentira

Para los lectores no supondrá novedad el fallo del Constitucional sobre Bildu. El Gobierno ha usado y tirado como un kleenex al Tribunal Supremo, a la Abogacía del Estado, a su Fiscalía, a sus fuerzas de seguridad e inteligencia… en fin, a todo dios. Con el único objetivo de seguir hasta el año que viene con el PNV haciendo de lazarillo. Ayer lo adelantamos aquí, en el post que sigue: “Gobierno y Congreso se divierten”

Rubalcaba, mascarón de proa, gesticulará ahora con la misma impostada firmeza que ha venido empleando para convencernos de que Bildu está contaminada por ETA; o sea, de lo contrario. Al cántabro sólo le queda un paso: renunciar a las primarias. Porque una de dos, o Zapatero le tenía engañado, o él mismo es el autor de la pantomima representada por el Gobierno durante las últimas semanas.

En la primera hipótesis, la vergüenza torera que a un cántabro hay que suponer le obliga a mandar a la porra a esta gente, como Rajoy llamó el otro día al zapaterismo. En la segunda, sería esa gente la que tendría que acabar con él; por falso. Podrían organizar manifestaciones, redactar manifiestos, incluso apelar al Constitucional -ya puestos- para proclamar heredero de ZP a cualquiera, Pajín, Aido, Cerolo, Chaves mismo; cualquiera que no llegue a tales extremos de crueldad.

En cualquier caso, y ya en serio, el Constitucional se ha ciscado en las pruebas policiales, en la sentencia del Tribunal Supremo, y en la opinión pública mayoritaria en el país.

Esta batalla la han ganado Zapatero, que se lo prometió a Urkullu, y ETA.

La han empatado el PNV, presunto conseguidor de un espacio que le resta potenciales votos y da aire al Gobierno Zapatero para que el recreo siga; y EA, partido nacionalista libre de sospecha, ciertamente, pero que al dar cobijo a los etarras habría quedado fuera de juego.

Y la ha perdido la razón. Una más.

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Gobierno y Congreso se divierten

Que con la que está cayendo el Congreso de los Diputados se afane en llegar a un consenso sobre el orden en que poner a un niño los apellidos de sus padres cuando no están de acuerdo, aclara definitivamente en qué anda este Gobierno, que es quien controla los trabajos de la cámara.

–  ¿Y la crisis?, ¿el paro?, ¿el crédito?, ¿la enseñanza?, ¿la seguridad?, ¿la inflación?, ¿la corrupción?, ¿Chaves todavía vicepresidente?…

– Puras monsergas; no sea usted antipatriota. Lo primero es resolver lo de los apellidos de los niños de padres cabreados.

– No dudo de que sea importante pero ¿tan grave, tan extendido está el problema?

– No hay más que hablar.

El asunto debe de merecer la mayor atención cuando uno de los grandes sindicatos -es decir, de los corresponables de la crisis, junto al Gobierno- convocó al mismo tiempo una manifestación ante el Congreso para protestar por la futura Ley del Registro Civil.

– Sería por los 5 millones de parados.

– Qué va; es que dicen que esa ley del Registro va a poner a 3.000 funcionarios de Justicia en la calle.

– ¿Y entonces quién ordenará los apellidos de los niños de padres cabreados?

– Gran cuestión. Comisiones Obreras puede acabar llevándolo hasta el Constitucional.

Y en esta panorámica del circo nacional aparece el PNV sentado a las puertas de tan alto tribunal por ver si cumple la promesa presidencial:

– Tranquilo Urkullu, que el Constitucional dará el pase a Bildu y no tendréis que dejarnos al pie de los caballos.

– Pero Presidente, si tu Fiscal General, la Abogacía de tu Estado, tu Policía, hasta tu vicepresidente Rubalcaba llevan un mes con el “no pasarán”.

– Urkullo, lo que yo te diga. Y de Rubalcaba, ni caso. El futuro se apellida Chacón. No te lo pierdas.

Y si se confirma la profecía, los nacionalistas vascos seguirán un año más apoyando, mejor ordeñando, al Gobierno Zapatero. ¿Crisis, de qué crisis me habla?

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