Lo de las primarias en los partidos para designar a sus dirigentes constituye un buen ejemplo de por dónde va nuestra política. Hay un partido empeñado en meter las primarias en una ley de obligado cumplimiento para todos (y todas, naturalmente). Y lo predica en nombre de la regeneración democrática, la transparencia y demás alforjas con las que trata de tapar las mataduras de viejo burro que desdicen su imagen.
Achacar la falta de transparencia, el despotismo o la corrupción a la falta de primarias son ganas de marear al militante, al votante y hasta al mero simpatizante. Y en cuanto a la efectividad de sus resultados…
Felipe González, el gran líder que el PSOE ha tenido en el último medio siglo, no salió de unas primarias sino de los votos de un Congreso. ¿Fue por ello menos democrática su designación, acaso gozó de menor legitimidad de origen, o carecieron de méritos suficientes sus candidaturas a la presidencia del Gobierno? Continue Reading ▶






