Con una gamberra (RAE: que comete actos de incivilidad) al mando de su casa consistorial los barceloneses van a ver lo que es bueno. Ya sólo les falta que en la casa de enfrente de la Plaza de Sant Jaume se instale otro lucero del retroprogresismo de moda, o un secesionista republicano. Será el gran legado de ese pujolista que atiene por Artur y se ha cargado la organización política de la burguesía catalana más rápidamente de lo que cabría suponer.
Pero a lo que íbamos: Ada Colau.
A Jordi, un atento seguidor de esta bitácora, le sacan de sus casillas las sandeces con que este personaje ha irrumpido en la clase política. Lo de la ley que si no gusta no se cumple es de salir corriendo Ramblas abajo hasta el puerto y sin volver la vista atrás. Ada, o Hada porque parece de otro mundo, ha proferido la más rotunda negación de la democracia que se le puede ocurrir a un cargo electo; se ha ciscado en el Estado de derecho del que está dispuesta a administrar una parcela.
“Si hay que desobedecer las leyes que nos parecen injustas, se desobedecerán” ha dicho textualmente. No se ha presentado a unas elecciones para trabajar en la factura de leyes y decretos, para cambiar lo que piense que haya que cambiar, para innovar en lo que está por hacer; no.
Tampoco le movía el afán de mejorar las capacidades de su ciudad, dar trabajo a los noventa y siete mil parados que allí malviven; no. Fruto de sus amenazas ha sido la cancelación de un proyecto hotelero de primera magnitud sobre un inmueble ya construido en la confluencia de la Diagonal con el Paseo de Gracia. Continue Reading ▶






