Es lo que cuadra preguntar al joven ciudadano que dicta a los populares el candidato que han de llevar a las próximas elecciones, Si no quitan a Rajoy y ponen a Casado, no me ajunto con ustedes, viene a decir. Lo de Rivera está superando el colmo de la desfachatez. Su amonestación podría merecer cierta atención de tratarse de un amigo leal, pero no es el caso. Sobran evidencias tras sus recientes movimientos en Andalucía.
Como muchos aquejados del síndrome del centrismo, Albert tiene complejo de derechas; de ahí su querencia hacia los terrenos socialistas, Sánchez o Díaz, qué más da. Al primero lo quiere en la Moncloa mientras mantiene en San Telmo a la segunda.
Flagela a los populares donde más les duele, la corrupción en sus cuadros, mientras en la Junta socialista pone paños calientes, mirando para otro lado cuando son investigados altos cargos del gobierno andaluz que mantiene con sus votos. Por poner un ejemplo. Quizá haya corrupciones de primera y de segunda clase para el joven catalán. Viniendo de allí, podría ser.
Nuestra sociedad está lo suficientemente desnortada como para que fenómenos de esta naturaleza prendan la atención, cuando no la admiración, de una cuantiosa minoría. Estamos siendo víctimas del reblandecimiento mental que procuran las imágenes que saturan la capacidad de enjuiciamiento ciudadano. Es el nuevo mundo del dos punto cero. Continue Reading ▶






