La realidad hizo saltar por los aires lo que parecía seguro. No es tiempo éste de seguridades; lo que parece firme se descubre incierto, mutable, y el pensamiento dominante puede terminar como patraña.
Mientras en las urnas ciento veinticinco millones de norteamericanos expresaban cómo quieren ser gobernados, en las páginas del Washington Post opinaban sus analistas sobre el resultado final de la elección. Todos ellos daban como ganadora con sustanciosas ventajas a Hillary Clinton; de la media docena, ninguno bajaba de 320 el número de compromisarios que la llevarían a la Casa Blanca, cincuenta más de la mayoría exigida.
Más que preguntarse en qué mundo viven los creadores de opinión de uno de los medios internacionales más prestigiados quizá corresponda investigar cómo es realmente ese mundo, el de nuestros días; el que aquí engendra a Pablo Iglesias como en Francia a Marine Le Pen… o a Donald Trump en los Estados Unidos.
Las coordenadas izquierda/derecha no son ya el eje principal para encuadrar los movimientos políticos; ni siquiera si éstos, los políticos, responden a las exigencias de las sociedades actuales en las que la inercia se ha convertido en un antivalor. El cambio es lo que merece crédito. Empeñarse en obtener réditos de la experiencia, por reciente y positiva que haya podido ser, generalmente no va a ninguna parte. Lo sucedido este año en España resulta excepcional en este sentido. Continue Reading ▶






