Un tal Girona, Albert de nombre, cursa como secretario de Cultura y Deporte en el gobierno de la Generalidad Valenciana. No debía de haber alternativa más culta en esa confluencia podemita apellidada Compromís, gracias a la cual el PSOE, con siete escaños menos que el PP, gobierna la región. Al fin y al cabo, Girona es profesor universitario, historiador de la guerra civil en Valencia con un par de libros publicados sobre la materia.
Durante seis años Girona fue alcalde de su pueblo, Almussafes, sin que se resintiera la factoría automovilística de Ford, un 9% del PIB de la región y un total de 30.000 empleos; tiene su mérito. Pero no está tan claro que ahora, desde la Generalitat, no vaya a arruinar el Palau de Les Arts, sede desde 2006 de una muy notable temporada de ópera. De hecho ya a provocado la dimisión de su intendente general, Livermore.
La almendra está en el batiburrillo ideológico del Pacto del Botánico que gobierna el antiguo reino de Valencia. Cuando el responsable de la Cultura reclama que los contratos operísticos estén precedidos de un concurso público sólo cabe pensar que o se quiere cargar el invento o no tiene idea de cómo funcionan las cosas en el terreno que gobierna.
Una cosa es el arte y otra la función pública. Lo de un teatro de ópera en manos de funcionarios sindicalizados quedó magistralmente retratado en Cita con Venus/Meeting Venus, la gran película de los años 90; deberían verla estos profetas de la nada. Continue Reading ▶






