En el campo separatista no hubo sorpresas. Saltaron al vacío; tal y como estaba previsto. La Republiqueta quedó promulgada por mayoría simple en votación presidida por el pavor. El miedo la convirtió en secreta para que cualquier diputado pudiera eludir el banquillo alegando que el suyo fue uno de los dos votos en blanco.
Terminado el circo y visto lo visto, el Senado despachó por mayoría absoluta la tramitación del 155 solicitada por el Gobierno. De su alcance se sabía casi todo, todo menos lo más relevante, y sorprendente. Tras el Consejo de ministros extraordinario, a última hora de la tarde y asumiendo las funciones del presidente depuesto de la Generalitat, Rajoy anunció la celebración de elecciones autonómicas en el primer día hábil para hacerlo, el jueves 21 de diciembre, y naturalmente la disolución del actual Parlament.
Los cincuenta y cuatro días que la ley electoral determina entre la convocatoria y las urnas no es demasiado plazo para devolver la normalidad a la vida política catalana. Quizá resulte insuficiente, pero tiene la virtud de reponer cuanto antes el autogobierno malversado por los sediciosos; de cerrar el paréntesis abierto por la intervención. Continue Reading ▶






