El número de horas aquí perdidas tratando de racionalizar lo absurdo tiende a infinito. En tan inútil propósito está empeñada esa especie de superestructura de nuestra sociedad que forman políticos, comunicadores y demás especímenes de paseantes en cortes.
Resulta insólito que, sí o sí, la tabarra catalanista monopolice cualquier informativo, radiado, televisado o en papel. Y no porque otros asuntos merecedores de atención sean así preteridos sino, simplemente, porque sobre el absurdo hay poco que hablar; o nada.
Una panda de zascandiles ha conseguido erigirse en polo de atracción de análisis y juicios pretendidamente trascendentes. Cualquier movimiento de mequetrefes como el loquito bruselense que se cree Puigdemont se convierte en eso que llaman trending topic, la clave de lo que está pasando. Y como si fuera real, comienzan a elaborarse sobre la cuestión todo tipo de hipótesis y consecuencias. Como si lo absurdo pudiera ser racional. Continue Reading ▶






