Morir matando

Enfrentamietos calles en Barcelona

Hubo un tiempo en que los españoles veían las urnas como la puerta de entrada y salida por la que unos cedían el mando a los siguientes con la esperanza de recuperar el sendero del poder. Idílico sueño hoy sufrido más bien como el paso por aquellos túneles del terror de tantas ferias y parques de atracciones.

Cuando peor mejor, han decretado los que desde dentro levantan otro muro para cegar la normalidad. Se suspende el derecho de expresión, se vandaliza la calle, se asaltan comercios, apalean policías y se decreta la inseguridad física y jurídica.

Todo ello con el fin de cerrar el paso a quienes ya no se sienten parte de ese lado bueno de la historia definido por el sinvergüenza que lleva ocho años saboteando la convivencia de una sociedad que comienza a no reconocerse. Y salvarse de lo que, tras su caídale le puede caer.

Cuanto peor mejor, para excitar los instintos más primitivos que nutren los populismos, extremismos y demás extravagancias fruto de la incultura alentada desde el propio gobierno.

El aventurero todavía al mando hará cuanto precise para cegar el camino de sus feligreses descreídos hacia la zona más templada, el centro derecha, o incluso el voto en blanco anunciado por el fundador. Por ello fomenta conflictos para alimentar el caladero de Vox a costa del PP y alumbrar así el espantajo de la fachosfera.

Nada es casual, todo está cuidado con el esmero de que son capaces seguros servidores, ilustres unos, defensor del pueblo, presidente del TC, fiscala general, o simples delegados de un Gobierno dispuesto a morir matando. Celebran cómo los ocupas, escracheros y facinerosos  atentan contra las libertades de la gente. El de Ceuta, mojito en mano, comprobaba paciente cómo se cumplía la invasión mora que tres días antes le había anunciado CNI. Y el de Madrid sigue cerrando al pueblo la Puerta del Sol.

Morir matando es una estupidez que define una personalidad psicopática. Dice la ciencia que la psicopatía es la anomalía psíquica que altera la conducta social del individuo que la padece, a pesar de la integridad de sus funciones perceptivas y mentales. Justo el caso que nos ocupa; capaz de armar la de Dios es Cristo en las instituciones públicas y privadas, en las plazas y calles de la nación.

Y ya puestos, afrentar a los Estado Unidos e Israel, los dos padrinos de Marruecos o, para seguir haciendo amigos, enzarzarse contra los socios europeos hasta quedarse solo. España frente al mundo.

A ver, los peligros no están en la calle, él mismo es el peligro. Ocho años horadando el casco de nuestra nave constitucional y ahí seguirá mientras el 29 de noviembre la gente no reviente el muro.

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Posted viernes, octubre 23rd, 2026 under Política.

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