Manuel Marín, el político

Marín, en el Congreso

Hablar hoy de políticos se hace aburridísimo; los dedos de una mano bastan y sobran para contar los meritorios dentro de la nómina nacional. No es cuestión de ubicación, el vacío se extiende de derechas a izquierdas pasando por los mediopensionistas.

Y en esas se nos muere Manuel Marín, un castellano manchego que negoció la incorporación de España a la Comunidad Europea en los años 80, a las órdenes del presidente Felipe González. Comenzó su carrera política en las Cortes Constituyentes, 1977 y dedicó tres décadas a la función pública; aquí como Diputado, Secretario de Estado y Presidente del Congreso, y en Europa, como Comisario, Vicepresidente de la Comisión e incluso Presidente durante seis meses, entre los mandatos de Santer y Prodi.

Ahora hace diez años, 2007, anunció su retirada; también hay vida después de la política. Claro que para saberlo hay que tener precisamente eso, vida propia, como Marín la tuvo. No nació dentro de un partido, en contra de lo que hoy tanto abunda. Antes de militar en el PSOE estudió Derecho y fue profesor del Colegio de Europa, en Brujas, ciudad por donde transita con cara de frío y manos en los bolsillos ese loquito catalán que se cree Puigdemont.

Se despidió presidiendo el Congreso de los Diputados, decidido a dedicar su tiempo al cambio climático, un problema global que trasciende de la política partidaria; de ella hablamos, por última vez, en su despacho de presidente de la Fundación Iberdrola.

Manolo Marín es de aquella estirpe de políticos capaz de mirar por encima de los charcos para fijar su atención y atender intereses generales de la sociedad en que viven. Y buena prueba de ello, además de los años dedicados a la incorporación española al proyecto comunitario europeo, es el programa Erasmus, cuya creación lideró desde la Comisaría de Educación, Empleo y Asuntos Sociales durante la presidencia de Delors.

Bajo la capa del humanista Erasmo de Roterdam se esconde el acrónimo del programa dirigido a la creación de una conciencia común entre los universitarios europeos: European Region Action Scheme for the Mobility of University Students.

Su gran objetivo, con un presupuesto de 2.700 millones el próximo año, es mejorar la calidad y fortalecer la dimensión europea de la enseñanza superior mediante el fomento de la cooperación transnacional entre universidades, el estímulo de la movilidad en Europa, y el pleno reconocimiento académico de los estudios y cualificaciones en toda la Unión.

Eso es hacer política con mayúsculas; nada que ver con los rifirrafes de tertulianos sin brújula, protagonismos narcisistas, calenturas rufianescas ni, mucho menos, con la lastimosa mendacidad de los sediciosos.

La política es un arte que merece el respeto desde hace tiempo perdido.

Posted lunes, diciembre 4th, 2017 under Política.

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