Dónde están los politicos

Una voz del pueblo

Tal vez hibernando, sería lo propio del clima que nos ha caído encima, pero no. Hasta hace poco más de una semana el otoño venía travestido de cálida primavera, estación poco propicia para el recogimiento. Es más, asuntos tenían amontonados a la espera de alguna atención medianamente seria.

Ahí están el desastre catalán, la violencia doméstica, la liberalización castrada -véase el caso del taxi-, la deuda pendiente del sector público que empresas y ciudadanos soportan con paciencia similar a la que los vecinos de Madrid han de echarle a las ocurrencias de los podemitas de Carmena… Por cierto, ¿se imaginan la catadura intelectual de los ediles que han dispuesto calles peatonales de una sola dirección en pleno centro de la capital? Está ocurriendo, convertidos los paseantes en ganado bovino bajo la vigilancia de la policía municipal.

Es una simple muestra de hasta dónde ha llegado la escabechina que ha esquilmado la política. Tema menor donde los haya, el de la circulación peatonal en una ciudad, pero significante del desprecio que sufren los ciudadanos, los contribuyentes, las personas, en suma, a cuyo bienestar se debe la acción política.

El problema no es privativo de España. No hay más que mirar más allá de nuestras desgracias para toparnos con los Trump y May que encabezan los sistemas que tiempo atrás regían Reagan o Thatcher, por no salirnos de sus propias coordenadas políticas. Y de ello no hace tanto tiempo, las mismas cuatro décadas escasas que han pasado desde que aquí se movían en la arena política Suárez, González, Carrillo o Tarradellas.

Hoy ver, escuchar o leer un debate entre representantes de partidos diversos -incluso llega a haberlos dentro de un mismo partido- suele conducir a un ejercicio de nostalgia, cuando no al pesimismo. La política ha sido ocupada, en el mejor de los casos, por burócratas crecidos y alimentados en y por sus respectivos partidos. Sólo en los altos niveles de la administración estatal cabe encontrar profesionales batidos en el ejercicio de responsabilidades en los sectores privado o público.

Y nada cambiará mientras los actuales agentes políticos pierdan energías y tiempo ocupados en asuntos tales como el sexo de los ángeles o la reforma constitucional, que viene a ser lo mismo cuando no se sabe qué y cómo cambiar para que la cuerda dure otros cuarenta años de libertades y progreso.

Ahora la campaña catalana que arranca esta noche, la prisión preventiva de algún candidato y la fuga del loquito que se cree Puigdemont absorberán la atención de la llamada clase política, porque, como toda clase social, su autodefensa es objetivo primordial de su existencia. Y los problemas, si no se enquistan, seguirán donde están, en el mejor de los casos.

¿Hasta cuándo?

Posted lunes, diciembre 4th, 2017 under Política.

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