La Gran Comisión

La Gran Comisión. última palanca del sanchismo para el salto final.

Iglesias se plantó y Sánchez volvió a hablar: “Cuando digo Diego, digo digo, y cuando digo digo, digo Diego”. Las puertas se abrieron de par en par y Su Persona anunció la solución: la Comisión de los fondos europeos estará formada a partir de ahora por todo el gabinete.

Un repique de campanas elevó la tontería a tono mayor; los octosílabos se trocaron en endecasílabos, y las cuartetas en sonetos. Redondo dio entrada a la portavoz para farfullar de borradores y no se entendió de qué cosas más. Eso fue todo.

El Napoleón que dijo aquella tan socorrida frase de “Si quieres que algo sea hecho, nombra un responsable. Si quieres que algo se demore eternamente, nombra una comisión«, qué pensaría hoy al ver que al otro lado de los Pirineos un primer ministro rizaba el rizo creando la llamada Gran Comisión, o Comisión Total. Continue Reading

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Hacia «un país de mierda»

Las calle ya no es monopolio del populismo podemita.

Tomo la expresión del amigo Luis Ventoso, porque me parece de lo más preciso con que se puede despachar lo que sucede. Sí, porque como mojones de un camino abierto sobre tierra cada vez más calcinada se suceden anuncios, disposiciones, hechos y amenazas que adelantan hacia dónde avanza la coalición de legislatura trenzada por Sánchez: hacia un país de mierda.

España es muchísimo más que la suma de estos gerentes. No hay medida que cuente con más apoyo que las costuras con que el doctor plagiario ha remendado las minorías más extravagantes para crear su Frankenstein particular. Ni un solo programa puesto en práctica por la “coalición de progreso” ha tenido el beneficio del análisis conjunto y discusión previa con “los otros”. Continue Reading

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Prevaricando, la democratura lo necesita

 

 

Cuando una autoridad, un juez o un funcionario dicta a sabiendas una resolución injusta, dice la RAE que comete delito de prevaricación.

Mi paisano Tezanos es presidente de un organismo público dependiente del Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, llamado Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), cuyo fin es “el estudio científico de la sociedad española”.

Tezanos no es juez, no sé si funcionario, pero de que es autoridad no cabe duda, como tampoco de que “dicta a sabiendas” lo que su organismo público produce. Entonces, la cuestión es: ¿las encuestas que dicta periódicamente constituyen realmente “un estudio científico de la sociedad española”? Continue Reading

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Ahora nos toca a nosotros

Somos una nueva generación, ustedes, a callar.

No sé quiénes son los “nosotros” a los que se refería esa portavoz sanchista que atiende por Lastra, para descalificar a quienes desde su mismo partido, se atreven a discrepar; osan afirmar sus credenciales socialdemócratas, o simplemente democráticas, frente a la deriva populista de la coalición Frankenstein.

Con desvergüenza sin límites, rayana en un racismo que discrimina a “los otros”, los que no son “nosotros”, esta asturiana sin más carrera que la militancia en las juventudes socialistas de Ribadesella desde sus 18 marzos, ha tenido el descaro de erigirse en adalid de una nueva ruptura, la intergeneracional. Continue Reading

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Dignidad, Inés, dignidad

La doña Inés del Tenorio acabó pasándolo muy mal.

Jamás podrá decir que no tuvo otra alternativa”, y la diputada Arrimadas tendió la mano a Sánchez para liberarle de las malas compañías en que anda. Ver la escenita y recordar a la Inés de Zorrilla fue todo uno. Más que advertencia sus palabras trasminaban devoción, como la que por don Juan confesaba la pobre novicia en aquella cuarteta:

“No sé qué fascinación 

en mis sentidos ejerce, 

que siempre hacia él se me tuerce           

la mente y el corazón…”

Mil y una maneras hay de hacer el ridículo. Entre las más notables figura el empeño de esta menguada lideresa, otrora adalid de la causa nacional en las lides catalanas, por sacar a su don Juan de los favores de rufianes y bilduetarras. Continue Reading

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Si nos ofendéis, ¿no nos vengaremos?

Así nació hace un año la coalición populista que hoy defienden golpistas y ex terroristas.

Contra natura nació hoy hace un año la coalición de progreso. Las tropelías populistas están llegando a ser inaguantables. Ni a su colega norteamericano se le han ocurrido barbaridades tales como crear una comisión gubernamental para censurar la información, o que los ciudadanos de Texas, Florida o California puedan o no estudiar en inglés; y ha tenido cuatro años para hacerlo. En otros terrenos ha ido del bracete con los de aquí, casos del uso y abuso de la mentira como plataforma de poder, y la negligencia ante la pandemia.

El showman teñido de rubio terminará desalojado de la Casa Blanca por el servicio secreto que hasta ahora le protege. De momento, su vicepresidente se ha tomado unas vacaciones, quizá visto cómo se las está gastando Potus en sus horas finales. Despide a abogados, portavoces, hasta ministros y quizá pronto, a su tercer director del FBI. A golpe de tuit. Es la fuerza desencadenada de un populismo que ha prendido en setenta millones de ciudadanos, un 47 por ciento de los votantes.

¿Se imaginan que aquí termináramos así? Para echarse a temblar. Pues ese es el escenario que están montando, hombro con hombro, Sánchez, Iglesias, Rufián y Otegui, cuarteto estelar secundado por tontos útiles que no siempre lo parecían.

Impedirlo significa truncar que se cumpla su objetivo: la demolición del sistema de libertades que hace posible el progreso y la igualdad de oportunidades de la gente. A fuerza de proclamarlo, los golpistas tratan de inducir la aceptación de su proyecto como si ya fuera realidad. Así nacen las profecías autocumplidas, aquellas cuyo anuncio se convierte en parte de la situación y termina condicionando el futuro.

Caso tópico: ante el rumor de que un banco está al borde de la quiebra -falsedad objetiva- sus depositantes acuden en masa a rescatar su dinero… y se produce la quiebra efectiva del banco.

Por pasiva, del Reino de España a la RPFE: la República Popular Federal Española…  o de los pueblos ibéricos, vaya usted a saber.

Desde el sentido común la defensa del sistema, la normalidad, se hace muy difícil. Normalidad significa que quienes la cultivan, defienden y practican no rompen el juego ni cambian sus reglas en medio del partido, no ponen pies en pared, no paran la vida de una nación y siguen pagando sus impuestos como cumplen con el resto de las leyes; significa que no valen para plantarse como lo hacen los otros.

Viene a cuento aquel monólogo de Shylock, el judío de Shakespeare que Lubitsch toma en su genial comedia “Ser o no ser” para preguntar al Hitler que aplasta Polonia:

“¿Por qué nos ataca? ¿Por qué? ¿No somos humanos? ¿Es que no tenemos ojos, manos, órganos, sentidos, proporciones, afectos, pasiones? ¿No nos nutre la misma comida, nos hieren las mismas armas, estamos sujetos a las mismas enfermedades? ¿Curados con los mismos remedios, calentados y enfriados por el mismo verano e invierno? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos? Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ofendéis, ¿acaso no nos vengaremos?”

Pues eso.

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