Ayer, 9 de junio del 2021, se produjo en Madrid un fenómeno que trasciende de lo episódico, de la circunstancia en que se produjo. Me refiero al concierto que Plácido Domingo protagonizó en el Auditorio Nacional. Mil seiscientas personas, el aforo de la sala limitado por la pandemia, se saltaron las reglas de lo convencional para volcarse en una ovación que parecía interminable, culminada por vítores, piropos y otros brindis, al músico español en activo más reconocido hoy en el mundo.
La triunfal entrada de un artista avanzando sobre la tarima poblada por la orquesta Santa Cecilia tenía un sentido más profundo que la mera cortesía, incluso que la admiración; era una suerte de abrazo a uno de los nuestros. El reencuentro con quien los madrileños, o españoles, han echado en falta, por mucho que hayan seguido sus éxitos cantando o dirigiendo óperas y conciertos durante los últimos meses en teatros de media Europa.
La efusión fue de tal calibre que invitaba a pensar que aquí y ahora está pasando algo nuevo, un tanto sorprendente y falto aún de encarnadura. Y es que, tal vez, la capacidad de aguante del personal esté llegando a su límite. Continue Reading ▶






