Y luego pasa lo que pasa. Ya puede posar muy circunspecto, teléfono en mano, bolígrafo en ristre, cartera presidencial en primer plano, y anunciar su edecán que está siguiendo muy de cerca lo de Rusia y Ucrania, que a Biden le trae al fresco.
Ni siquiera el gesto, que tan mal ha sentado a sus socios de coalición, de mandar barcos, aviones y soldados a vigilar aquellos lares le ha servido de carta de presentación, porque el líder del mundo libre, digamos, será lo que sea, pero información tiene y, claro, no le llama. Continue Reading ▶






