Nos aqueja la pandemia de lo políticamente correcto. Los gobernantes liberales o conservadores echan mano de los axiomas socialistas o radicales con la mayor naturalidad del mundo. En lo que llevamos de año, de los trescientos y pico días de gobierno popular pocos han pasado sin una reforma y su correspondiente protesta. Los que ponen sobre la mesa las primeras, el Gobierno, suelen buscar justificaciones a cuanto acometen en el ámbito de la justicia distributiva. Y, naturalmente, los redistribuidores por antonomasia se mueren de la risa; ni se paran a refutarles, simplemente avanzan por otros registros, como el incumplimiento del contrato electoral o la pérdida del paraíso llamado Estado de bienestar
Por ejemplo: el copago farmacéutico. La formulación elegida, que algún rasgo apreciable comporta, va a implicar el cambio de las tarjetas de la seguridad social para que el médico, farmacéutico o el guardia de la esquina puedan cobrar más al rico que al pobre; como si no tuviéramos un sistema fiscal en el que este mismo Gobierno ha multiplicado la progresividad. Y podría llegar el día en que el cambio en la tarjeta sanitaria se traspase a los carnets de conducir con el objetivo, “democrático y de justicia”, de que el exceso de velocidad cueste más caro al del Lexus para que al del utilitario le salga la cosa por el equivalente a cuatro cafelitos. Continue Reading ▶






