Así lo gritó ayer en Caracas un imposibilitado desde su silla de ruedas. “Después de Dios, él”, añadió una paisana haciendo cola para saludar el arcón con los restos del extinto comandante en jefe. Mil y una escenas entre el llanto, la exaltación y la ofrenda de la vida propia con que muchos fieles conllevaron su enfermedad siempre velada.
Son los efectos del paso de un líder por un pueblo asolado; de aquel comandante con vocación de espadón que se levantó en armas contra el presidente Carlos A. Pérez; del conductor de una revolución pret a porter manufacturada por la inteligencia cubana; del dictador que juró “sobre esta Constitución moribunda que haré cumplir…”, en fin, de un todo un personaje que parecía salido del realismo mágico propio de aquellas latitudes. Continue Reading ▶






