Las televisiones públicas son viables mientras los ciudadanos estén dispuestos a pagarlas con sus dineros. Las trece Comunidades que se permitieron ese lujo desde su implantación no han cesado de enterrar millones, entre pesetas y euros. Sólo Cantabria, Castilla y León, La Rioja y Navarra resistieron la tentación de emular al Estado creando su propio “servicio público” y así se han salvado del despilfarro.
Las televisoras regionales nacieron bajo el paraguas de la Ley del Tercer Canal, así se llamó, que los socialistas hicieron al año de instalarse en el poder el primer gobierno de González. Seguramente era una de las palancas que montaron para hacer que en poco tiempo a España no la reconociera ni la madre que la parió, en sugerente expresión del entonces vicepresidente Guerra. De hecho casi todas fueron creadas por gobiernos regionales entonces socialistas, incluidas las de Madrid y Valencia, o nacionalistas en los casos del País Vasco y Cataluña.
El hecho de que los canales públicos convivan en sus respectivas regiones con otros de alcance reducido y titularidades varias, y que mal que bien se mantienen a costa o para beneficio de sus propietarios, debería hacer pensar a todos, ciudadanos y gobernantes, sobre el sentido de estas fábricas de despilfarro. Continue Reading ▶






