Abierto en canal como lo está, el partido socialista puede sobrevivir un par de meses pero no mucho más. Las derrotas, siempre huérfanas de padre, suelen abrir procesos de inculpación sin freno ni marcha atrás. Desde el último desastre electoral se van desflecando organizaciones territoriales faltas de un referente claro en la organización nacional.
Mientras los restos de la otrora poderosa organización catalana se disuelven hasta quedar nadie sabe en qué, en la castellano leonesa algunos cabecillas juegan entre sí como los comuneros contra el emperador, la vasca comienza a sentir bajo sus pies el vértigo de la autodeterminación que destrozó a los catalanes, la madrileña no ve el momento de sacudirse de encima al contumaz perdedor que tienen por cabecilla, etc. Mientras todo eso ocurre, en la sede central de la calle de Ferraz asisten confusos a la carrera por los avales que encabezan Sánchez y Madina. Los dos contendientes principales para ocupar la sede vacante de Alfredo Pérez Rubalcaba.
Ninguno de los dos es un outsider de la política nacional ni de la de partido tampoco; ambos son diputados, ambos fueron concejales y los dos han ocupado cargos de enjundia diversa en el aparato, nivel éste en el que Madina gana enteros al ser secretario del grupo parlamentario en la Carrera de San Jerónimo.
Al destaparse la olla del Congreso próximo, y tras la reserva de Susana Díaz en los cuarteles andaluces desde los que mucho habrá de decir, Eduardo Madina apareció como el candidato orgánico. Su presencia en la primera fila de escaños, siempre próximo a Rubalcaba y Rodríguez, así lo sugería. Su juventud, 38 años, encaja en el clisé de eso que llaman renovación, y el atentado terrorista que sufrió en el país vasco le confiere un hálito singular. Continue Reading ▶






