La agenda de Sánchez

 

Sánchez es un peligro; más que peligroso, él es un peligro en sí mismo. Borracho de querer más que de poder, la última azaña ha sido el desprecio a la invitación del presidente norteamericano a los jefes de delegaciones nacionales en la Asamblea de Naciones Unidas. Cuestión de agenda, ha hisopado el ridículo edecán que le sirve para las cosas del exterior. ¿De qué agenda?

Bien está, o mal mejor dicho, que el anfitrión tenga evidentes rasgos de idiocia, pero preside la nación más poderosa de nuestro entorno. ¿Qué agenda tiene España para despreciarla? Hace unos años, el precursor del sanchismo vigente, el hoy famoso Zapatero, se permitió la idiotez de no saludar la bandera de las barras y estrellas en un desfile oficial español; permaneció sentado, como estos meses cavilando sobre qué muerto cargar las joyas descubiertas en su despacho.

¿Será que la agenda de España está siendo la de Sánchez? Hay que ser mentecato para confundir su ridícula persona con la de todo un país que está soportando los últimos meses de un mandato siniestro, basado en la vulneración de principios consitucionales, de la verdad, de la honestidad y del patriotismo. Y abocado a una crisis económica de aquí te espero, como suele pasar siempre que los socialistas dejan el Gobierno.

Nuestro mentecato particular cargó sobre los Estados Unidos e Israel lo que no se atrevió a achacar a Marruecos, el único promotor probado de la invasión que siguen sufriendo ochenta mil ciudadanos españoles. Pues no parece que los pellizcos monjiles, la agenda, sean arma adecuada para resolver nada, y si redondea la chulería sacando pecho con el alcalde musulmán de Nueva York para qué queremos más.

Eso sí, se dejó besar y besó a la amiga de Ábalos, ¡qué noche aquella en las pistas de Barajas!, la dulce Delcy que llemaba «mi principe» a Zapatero, no permite la entrada de Corina Machado, mantiene secuestrada la libertad y, por si fuera poco, entregó a Maduro, su jefe, al psicópata norteamericano que se ha hecho con el botín petrolífero.

En fin, se avecinan semanas, no tan trágicas como las catalanas del verano del 1909, pero que abundarán en la confrontación impuesta a los españoles por el dueño de la agenda. Ojalá pasen pronto.

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Posted miércoles, septiembre 23rd, 2026 under Política.

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