Sánchez ha dedicado sus ocho años al frente del Gobierno a desatornillar los once títulos de la Constitución. Todos los poderes del Estado, su organización territorial y los derechos ciudadanos han sufrido la erosión de sus raíces. Ayer la emprendió con la Corona. ¿Por qué?
El felón llega al término de su aventura con las manos vacías, un partido mostrenco y la amenaza cierta de la Justicia sobre cuanto le rodea. Y parece no haber avistado otra salida que armar la de Troya, el aquelarre de la república plurinacional.
Para tapar tanta basura nada mejor que el caos. Lo de la república le importará un bledo, como la socialdemocracia y cuanto no sea su propia faz. ¡Anda que ponerse traje con chaleco el 31 de agosto para salir en televisión desde la SER!
Alimenta el sueño del descabezamiento de la Corona desde los ridículos incurridos desde aquellos inicios, cuando con Begoña trataba de ponerse a la altura de los reyes en los besamanos de palacio. Luego su ausencia en los funerales por las víctimas de Adamuz, la grotesca huida de Paiporta saliendo como alma perseguida por el diablo mientras los reyes arrostraban el barro y cabreo de las víctimas, para terminar corriéndose un mes de vacaciones con Ceuta en estado de alarma permanente. Y a la vuelta echar las culpas del asalto a Putin, Netanyahu y la masonería; perdón, la fachosfera en red.
Con el muro ya en derribo desde dentro, para cobijarse no hay trinchera más profunda que el vacío del salto constitucional hacia la forma política del Estado. Y nada mejor que el caos, como su profeta Zapatero dijo en vísperas de unas elecciones. Además, someter la sociedad a enfrentarse a poco menos de un siglo para cambiar la monarquía parlamentaria por la república plurinacional significaría su entrada en la Historia que tanto le preocupa, a juzgar por cuanto a tantos ha preguntado.
Se impone pues lastrar la Corona, tratar de arañar el sólido prestigio del Rey Felipe, alejarlo de la realidad, aislarlo como hace saltándose disposiciones y prácticas al suprimir el acompañamiento de un ministro de jornada en viajes que el propio Gobierno autoriza para asistir a las tomas de posesión de los presidentes iberoamericanos.
Si, además, en la familia real brillan con luz propia el resto de sus miembros, partiendo por la princesa Leonor, razón de más para zaherir la figura del monarca.
Y si el caos tapa el vasallaje a Marruecos, miel sobre hojuelas. Porque hay que tener una cara como la que tiene para mentir, rendir pleitesía, entregar el Sahara y lo que podría venir de permanecer donde está. ¿Qué escondía su teléfono y algunos ministros jaqueados desde que Begoña perdió el suyo?
En fin, llegado el término de la aventura nunca sabremos si habría sabido hablar sin mentir. El Rey lleva doce años en activo, no veinte, y Antonio Machado nació en Sevilla, y no en Soria. Por ejemplo…

