Extraña normalidad

 

Restauró la normalidad.

¿Hasta cuándo nos seguirá zahiriendo con los agravios que cocinan en esa casa de los horrores en que han envilecido el complejo presidencial?

Lo realmente extraordinario es la pulsión aún viva en las filas, cada vez menos prietas, de los millones de ciudadanos que las encuestas desenmascaran en las entrañas de la sociedad.

La normalidad de la que habla el gobierno sanchista -¿gobierno?- tiene el mismo valor que la honradez de sus miembros y adjuntos ya condenados y tantos más, aún amparados por las vacaciones judiciales y la presunción de inocencia tras la que se parapetan, tal que el gurú de las joyas, el oro y el petróleo venezolano.

Pedro Sánchez sigue tomando el sol en Tenerife, donde no puede ver el eclipse ni sentirse aludido por cómo todo puede pasar, hasta la luz del sol. Pobre aventurero cada semana más cerca del final de la escapada, agarrado al TikTok para vender juventud y lozanía mientras los españoles ceutís sufren la normalidad que les ha impuesto.

Aquella Dodge ciudad sin ley de Curtiz, tuvo un sheriff en Errol Flynn que devolvió la normalidad a un pueblo revuelto tras la llegada del ferrocarril y los secuaces del malo. Pero aquí el encargado de hacer cumplir la ley se esconde, finge estar al frente de un comité anticrisis desde una sala tan trucada gráficamente que el gran jefe aparecía sentado a la mesa sin piernas, y sus secuaces interlocutores desalineados en la gran pantalla que parecía tener enfrente.

Las imágenes reales de la Ceuta invadida por jóvenes que se censan pero atemorizan a los ciudadanos, que se pelean en la playa y abusan de compañeras invasoras, que deambulan por las calles como los pistoleros de Surrett, el malo de Dodge, con alguna catana que otra y con siete mil euros no se sabe dónde para comprar el salto a la península, resultan intolerables.

Y enviar allá al payaso que funge de ministro de relaciones exteriores cuando su sitio, puestos a viajar, está en Casablanca, es demoledor. No tiene empacho en afirmar, con la rotunda seguridad de quien sabe mintiendo, que Marruecos le ha dicho que recibirá a los invasores, y que en adelante aquí no va a entrar ni dios.

Extraña normalidad la de un país que se consume por el fuego sin los medios precisos para enfrentarlo, y mantiene un ministro perjuro, sí el Puente de la ignominia; extraña normalidad la de una sociedad víctima de la inepcia de una tropa de aficionados sin más oficio que el de recibir una paga mensual que no encontrarían por sí mismos.

Extraña normalidad la de un Estado amenazado por tierra y mar, cuyos ciudadanos cifran sus esperanzas en que el aire de las libertades desaloje en las urnas al corruptor de los principios de su Constitución.

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Posted miércoles, agosto 12th, 2026 (5 hours ago) under Política.

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