Los límites morales del poder

León XIV dirigiendose al pleno de las Cortes Españolas.

Urbi et orbe, a la capital de España y a todo el mundo, León XIV ha rubricado en Madrid algo más que su segunda encíclica; toda una summa de principios, consignas, censuras y valores, desde el respeto a la vida humana, a la libertad, la justicia, la concordia, la paz y el progreso de las sociedades de nuestro tiempo.

Espíritu Santo aparte, la elección de Madrid tal vez sea debida al profundo deterioro de la vida pública española, en la que una clase dirigente mantiene sojuzgada la expresión libre de una mayoría social que ha respirado con la presencia del pontífice romano. Congregar a millón y medio de personas no está al alcance de cualquiera.

Con un valor sin límites, desde su doble titulación civil y religiosa cantó las cuarenta ante diputados y senadores que aplaudieron sin fin, tanto con el calor de los agradecidos, la inmensa mayoría, como con la indigencia de quienes los mensajes entraron y salieron entre sus oídos sin dejar huella en el vacío interior.

Para todos hubo de todo, desde una altura cultural que nuestro hemiciclo no ha vivido en los últimos decenios y una exaltación de lo mejor de nuestra historia y de los hombres y mujeres que la construyeron desde hace más que quinientos años.

La memoria se honró con el recuerdo de la aportación de Tomás Luis de Victoria y la Escuela de Salamanca al derecho de hombres, al multiculturalismo; de los reyes Fernando e Isabel presentes en el frontispicio de la sala, de los santos Iñigo de Loyola, Teresa de Jesús y Juan de Dios, de Cervantes y Unamuno,  en fin de los sólidos cimientos de una nación que sembró por medio mundo su sangre y un idioma hoy universal.

En un silencio de los que se adjetivan como religiosos, el papa Prevost alertó frente a los muros y la cultura del enfrentamiento que destruye la estabilidad social. Y como si siguiera lo que allí se cuece semanalmente, se refirió a la polarización, el recurso de los sin razón, la desmesura en el lenguaje y a los fantasmas de los dogmas identitarios, factores todos ellos que preceden a las guerras civiles.

Uno de los puntos entonados con más fuerza fue el valor de la vida y los límites morales del poder.

Deben de ser contados los casos en que un Jefe de Estado, desde la presidencia del parlamento al que ha sido invitado, critica las leyes reguladoras del aborto y la eutanasia en nuestro ordenamiento jurídico, derivadas de una cultura ajena al valor intrínseco de la vida, desde la concepción hasta el ocaso, concretó.

Para el papa León la paz es el primer límite moral del poder, en todos sus grados, desde la paz entre los pueblos a la concordia interior en el seno de una sociedad como la española. Los responsables públicos, dijo dirigiéndose directamente a los allí presentes, tienen la obligación de cuidar la palabra para desarmar el lenguaje. Y apelando al consenso, añadió que sus decisiones deben estar por encima de mayorías coyunturales.

Basten para terminar estas palabras: “Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos.

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Posted miércoles, junio 10th, 2026 under Política.

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