Mentir, mienten

Sánchez confía en su ministro Puente.

Mientes Marcelino, y tú lo sabes”. La expresión saltó del programa Cara a Cara que en 1977 dirigía yo en TVE y se hizo viral. El debate entre dos sindicalistas, socialista y comunista, en vísperas de las primeras elecciones sindicales en libertad, concluyó como mandan los cánones en una democracia, entonces en mantillas, por cierto, con un apretón de manos. Qué diferencia con los modos y maneras hoy en uso.

El “mientes fulanito y tú lo sabes” no suscitó en las calles duelo alguno, ni siquiera grescas más allá del socorrido “vete a hacer puñetas” con el que tantas ollas de grillos se acallaban. Hoy la mentira tiene cuerpo, patas y alas con las que corren como el viento hasta instalarse en el dominio de las conciencias.

Eso lo tiene entrañado el gobierno sanchista en pleno. No dicen una verdad ni para que pudiéramos creerlos cuando mienten. Hoy, la verdad es revolucionaria. Desvelar la realidad tal cual es podría tumbar el gobierno y el subsistema sanchista que lo mantiene.

Mentir se ha convertido en el arma estratégica de autodefensa de los responsables de los muertos en Adamuz, por ejemplo; o del gran apagón aún injustificado al cabo de un año, y de la asfixiante corrupción aflorada en ministerios, comunidades autónomas, ayuntamientos, empresas públicas y correveidiles con carnet de expresidente.

Pero mentir no cambia los hechos. Aquello de que una mentira dicha mil veces se convierte en verdad es una solemne majadería propia de un nazi. Goebbels vivía en una cloaca sin respiradero ni tragaluz por los que la verdad pudiera filtrase. ¿Creen Sánchez, Bolaños o Puente que ese es nuestro mundo?

“La mentira requiere el apoyo del poder estatal, la verdad se mantiene sola.” Lo dejó escrito un hombre sabio, T. Jefferson. Cuánta razón.

Con lo sencilla que resulta la verdad. ¿Por qué no decir lo que se ve, se siente o se piensa?

En este tiempo nuestro la veracidad, la franqueza, la sinceridad están siendo víctimas de artimañas y disimulo. Pero, ojo: la alteración de la verdad con efectos relevantes hecha por autoridades públicas puede constituir todo un delito: falsedad es su nombre.

Y en cualquier caso, mentir tiene un precio que nos deben: dimitir.

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Posted lunes, enero 26th, 2026 under Política.

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