Cuatro mil personas en clamoroso silencio ampararon ayer a los deudos de los 46 muertos causados por el deficiente estado de los ferrocarriles nacionales. Fue en Huelva, en un deportivo. ¿Un funeral de Estado? no; fue el Funeral de España.
El término funeral no casa con el Estado. A un Estado le cuadra mejor convocar homenajes, exequias, incluso honras fúnebres. Lo de funeral laico es algo así como el bautismo civil, un quiero y no puedo; ganas de poner paños al púlpito, adornarse con avíos ajenos cuando la Magdalena no está para tafetanes.
El acto fue como un aguafuerte del momento que vivimos. Mientras en el Senado el gran responsable del calamitoso estado de las vías en Alamud presumía de hacer muy bien su trabajo y no dormir más de tres horas al día, los asistentes al funeral dejaban grabada para todos la imagen noble de la compañía, la solidaridad, del amor.
Frente a esa realidad, qué frío el de eso que llaman funeral de Estado los disolventes de las esencias de nuestra sociedad. No pueden soportar el calor del contacto con los apenados, sentir cómo podrían llegar a humedecer sus mejillas las lágrimas de los que perdieron padres, hijos, esposos, amigos.
Ayer la vicepresidenta y los dos ministros acompañantes entraron al funeral por una puerta trasera para no enfrentar de cara a los afectados; con el miedo con que los judíos doblaban las esquinas de una calle cualquiera en la Alemania nazi. ¿Temerosos de qué? Tal vez de increpaciones o del abucheo con que algunos pudieran mostrar la hartura ante tanto desafuero, tanto abuso de confianza. ¡Pobres! no pudieron sentir el calor del homenaje a tantos héroes.
Como Liliana, hija de Natividad, la voz de las víctimas que cerró el Funeral de España con estas palabras:
“Somos las 45 familias que han aprendido con demasiada crueldad que la llamada que no se hace se queda sin hacer, y el beso que no damos es el que más recordamos. Somos las 45 familias que cambiarían todo el oro de este mundo que ahora no vale nada por poder mover las agujas del reloj tan sólo 20 segundos.
Y también somos las 45 familias que lucharán por saber la verdad, porque sólo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará. Sabremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren, pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que… en los brazos de la Virgen ahora duermen, y el regazo de una Madre que los quiere es quien los mece.
Virgencita de la Cinta, patrona de este gran pueblo, dales paz, serenidad, descanso eterno. Virgen bella, Virgen guapa, no los sueltes de tu vera, que no sientan el dolor, que no sientan la miseria. Que el amor y la verdad los cobije para siempre y en el abrazo de Dios la vida venza a la muerte.
Madre de la Almudena, Virgen que guía el camino, llévales el beso mudo, ese adiós que no les dimos. Remedios, Madre querida, Reina del Aljaraqueño, bríndales tus firmes manos, que ya nunca tengan miedo.
Madre del Amor Hermoso, Reina de la Victoria, Dolores del negro luto, concédeles Tú la gloria. Y guía también nuestras vidas, humilde Virgen del Sol, y que la misericordia lata en nuestro corazón. Haz que cese este dolor, Virgen Morena del Carmen, llévate esta cruel espada con la espuma de los mares. Y Tú, Virgen del Rocío, la que alumbra mis desvelos, la que siempre me acompaña cuando me rompo por dentro, abraza sus corazones y llévales un suspiro con una canción de amor por los años compartidos. Diles que tenemos paz y que seremos valientes, que el odio no nacerá en la rabia que nos crece.
Que volverán las sonrisas y seguiremos viviendo, y este amor no morirá, vivirá de sus recuerdos. Diles Tú, Blanca Paloma, Pastora de la Rocina, que siempre los sentiremos con el sol o con la brisa. Y que con fe esperaremos a que llegue ese momento en el que Dios nos abrace y así volvamos a vernos. Descansen en paz.”
Andalucía en vena.
Más allá de lo que se vende en la almoneda de nuestra Historia, esto también es España.

