Vienen trabajándolo desde hace meses, tal vez años, el caso es que abren sus páginas cuando se sienten inestables. El muro comienza a agrietarse y se ven acuciados a echar mano del guerracivilismo para mantener viva la memoria de aquellas dos viejas España de ahora hace un siglo. Eso es la memoria histórica que cuida con mimo el ministro Torres llegado de las Canarias.
Se trata de seguir manteniendo el síndrome fratricida de la nación que lleva siglos queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido”. Poco antes que Bismark, si es que la frase fuera suya, Federico de Prusia comentó sobre España que su propio gobierno ha intentado durante muchos años llevarla a la ruina, pero sin resultado alguno.
Pues en esas seguimos. El sanchismo, lanzado a la calle para terminar de fagocitar los votos de la vicepresidenta gallega que deslumbró en su día al exasesor presidencial Iván Redondo, y desbaratar los embelecos de los Iglesias y Belarra. Y saca a pasear la lucha de clases, la justicia popular y hasta el miliciano no pasarán, que es de lo que se trata.
Lo que manden las circunstancias. Frente al rearme, el escrutinio del Tribunal de la UE sobre nuestra división de poderes, y la sombra de la Justicia acechando a la familia del primer ministro, a parte de su gobierno, a su corte más directa en el partido, al Fiscal General, a la presidenta del Congreso y amnistiados o por amnistiar, hay que tocar a rebato.
Se tocaba a rebato, siglos atrás, tocando las campanas para activar las defensas ante una incursión repentina del enemigo del pueblo. Hoy se activa el guerracivilismo.
Quien juró ser presidente de un gobierno de y para todos los españoles, arremete dicterios en mano contra la media España que gana las elecciones pero mantiene topada tras su berroqueña alianza con minorías iliberales, por hablar suavemente.
Y tras su paso y encarnada la consigna, se lanza su vicepresidenta primera a expeler con su natural mostrenco barbaridades sin fronteras sobre principios elementales, y constitucionales, tal que la presunción de inocencia, o sobre la naturaleza de la universidad española, las clases sociales, la compra de títulos y otros adornos tronantes, vociferados para exaltar al pueblo cercado.
La sigue la corte de los milagros del chiringuito que tiene a guisa de Gobierno. Y por allá marchan disciplinados desde la devota portavoz hasta los Puente y Bolaños, López, Morant, Urtasun y Bustinduy, Marlaska y el gran Albares.
Jesús, qué tropa.