La fuerza de la libertad

Todo por la libertad

Todo por la libertad

María Corina Machado es una mujer de 46 años, 3 hijos, que lucha por la libertad en Venezuela. Pocas horas antes de emprender regreso a su país me decía en Lima que la oposición a la dictadura no se va a rendir porque la alternativa es la sumisión. Mientras hablábamos recordaba aquella sentencia cervantina, “por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”. Tal cual. Poco ha avanzado la humanidad cuando al cabo de cuatro siglos siguen pendientes cuestiones tan esenciales.

Esta mujer hoy se enfrenta en su país a cualquier arbitrariedad. Su estatus de parlamentaria ha sido denunciado por el presidente de la Asamblea Nacional que, unilateralmente, decidió suspender el mandato popular que la llevó a la cámara. Silenciar su voz, eliminar la inmunidad y demás prerrogativas parlamentarias para poder detenerla sin la garantía del debido proceso y derecho a la defensa es el propósito declarado por Diosdado Cabello, el hombre fuerte del régimen.

La medida carece de toda legitimidad según la propia Constitución de la república bolivariana, pero permite a la dictadura actuar contra ella como lo hace sobre los millones de ciudadanos que protestan en las calles. Pero el abuso ha logrado reforzar la unión de todas las fuerzas de la oposición; en la Asamblea y en la calle; los más y los menos radicales. Si la Mesa de Unidad, el MUD, alcanzó en las presidenciales del pasado año el 49% de los votos, no es descabellado aventurar que la oposición es hoy ampliamente mayoritaria. Cuánto pueda durar esa alianza y hasta dónde puedan llegar juntos sus heterogéneos componentes es otra cuestión. La gran cuestión.

A Machado sólo le ampara la razón. Y la fuerza de voluntad que le presta la defensa de la libertad. María Corina no es una radical conservadora, ni socialista tampoco. Su única radicalidad es la de la libertad, principio que considera no transable. Lo suyo es el dialogo, no la violencia, pero el dialogo sólo es posible –dice- cuando media el reconocimiento y el respeto. La represión, la tortura o los asesinatos lo hacen inservible.

Ojala su retorno al país no comporte las consecuencias que tantos temen hoy.

   

Publicado el Miércoles, 26 - Marzo, 2014 en Latinoamérica, Política.

Un comentario


    Enlaces a esta entrada:
  1. Muy buena crónica, Federico. María Corina es todo un símbolo de lo mejor de Venezuela.

Comentarios