Los bien pagaos

 

La dictadura podemita

Con la abstención podemita

Ya no se hacen coplas como aquellas de Perelló y Mostazo allá por los años 30. La bien pagá, La falsa moneda y tantas otras. Dramas que hablan de traiciones, y a ti me supe entregar por un puñao de parné, dineros que de mano en mano van…  y de otros malos quereres.

¿Alguien capaz de musicar hoy lo que Iglesias, Monedero, Echenique y compañía deben a la dictadura chavista? El poema son ellos mismos, los bien pagaos; el problema está en la música. Habría que entresacarla del andalucismo musical o del mundo de los boleros porque marchas tipo La Internacional o A las barricadas no le van al caso.

Ayer volvieron a demostrar el carácter de emboscados con que están jugando en las instituciones democráticas. Basta mentar las cárceles de Maduro y pedir que liberen a los presos políticos que resisten en sus mazmorras para que los podemitas salgan huyendo del debate como gato del agua escaldada. Sigue

De barriobajeros a navajeros, un sólo paso

Te vas a enterar...

Tú a mí…Ven p’acá

Esto va a más. Se veía venir desde el cierre del festival de Vistalegre. De la provocación al insulto, y del insulto a la amenaza. Baja aquí si te atreves cascaba agitando la mano el señor de la coleta que amenzaba  de escaño a escaño a un diputado popular. ¿Templo de la soberanía nacional o gallera donde mostrar quién tiene más espolones?

La irrupción de la casta podemita complementa divinamente la cansina monserga de los sediciosos catalanes. Entre coletas y pelucones el común sale como puede de las tertulias matinales de cada día. Parece como que no hubiera vida más allá del absurdo mundo en que viven. Allá ellos, ha venido diciendo la gran mayoría camino de su trabajo después de los minutos de radio vividos.

Pero cuando el diálogo comienza a ser pisoteado por la chulería de jefe de la banda y las amenazas de matón que acecha a las puertas de los tribunales, las cosas comienzan a ser diferentes. Sigue

La tabarra catalana

Los mandamases

Los mandamases

Habría que terminar de una vez con la tabarra del nacionalismo catalán. Ya sabemos que los sentimientos no se borran a golpe de decreto pero por qué no abrir las escuelas catalanas a la libertad de pensamiento. Por qué no liberarlas del totalitarismo cultural que hace ya tres décadas comenzó a imponer Pujol, aquel gran sinvergüenza que la Justicia no se atreve a poner en su sitio.

Cataluña vive un extraño sistema, lejos de su entorno y ajeno al tiempo que vivimos. Sus ciudadanos no gozan de igualdad de derechos ni de libertad de pensamiento, anclajes ambos fundamentales para vivir en democracia. Y por si fuera poco, al margen de la Ley de la que parten sus instituciones. No tiene ningún sentido que el resto de la Nación siga tirando del carro y soportando las cargas de tan insólita situación.

La cuestión no es baladí. La región pesa demasiado en el conjunto español, cerca del veinte por ciento, como para despreciar el coste del proceso sedicioso impulsado, para más inri, desde la propia estructura del Estado, desde la Generalitat.

En los tres años que llevan sus mandamases ocupando salones y sillones del Palacio de la Plaza de San Jaime no han hecho otra cosa que pergeñar burlas a la Ley. Ni un debate sobre la situación económica de la Comunidad, ni sobre el empleo, ni sobre la educación, fomento de la cultura, seguridad, en fin, todas aquellas materias propias de cualquier gobierno. Sigue

En Vistalegre ganaron Díaz y Rajoy

Eventuales ganadores

Eventuales ganadores

En el presídium de Podemos Iglesias es su factótum; como corresponde. En la marcha por la revolución no cabe el pluralismo.

Jugar a la disidencia siempre tuvo un mismo final: la purga para cortar de raíz el temido fraccionalismo. En los soviets y fuera de ellos también; sin ir más lejos el PCE de Carrillo expulsó a dos miembros de su Comité Ejecutivo, Claudín y Semprún, mediados los años 60. Pasionaria sentenció: “son intelectuales con cabeza de chorlito”.

Aquel episodio suscitó debates internos que hoy podrían ilustrar sobre lo que pasa en Podemos. A la pregunta de otro miembro del Comité –“¿Habrían realizado los bolcheviques su gran revolución en Rusia si hubieran estado atentos a las estadísticas de la producción o a los índices de su desarrollo?- Jorge Semprún replicó tirando de ironía: “O sea que para transformar la realidad capitalista, mejor no conocerla; para hacer la revolución, mejor no saber de qué se trata”.

Volviendo al día de hoy, ¿cuál ha sido el pecado de Errejón? Defender el posibilismo político frente a la radicalidad callejera.

El ex becario fraudulento de la Universidad de Málaga tuvo la osadía de plantear una estrategia nueva para alcanzar el mismo objetivo que persigue el movimiento del que era secretario político y de estrategia, además de portavoz parlamentario. En pocas palabras: aprovechar la presencia en las instituciones para alcanzar el poder, porque de la calle poco vamos a sacar. Sigue

Un conservador español

El PP con Rajoy

Conservador pragmático

Lo que funciona no se cambia. La frase es digna de ser esculpida sobre bronce a los pies del monumento mundial Al Político Conservador. Ella es el compendio del mensaje con que Rajoy pidió ayer a los suyos la renovación de su confianza.

Más de  lo mismo, quizá. Aunque no es menos cierto que para que algo funcione bien ha de estar adecuándose a la realidad, es decir cambiando continuamente; si se retrasa se hace irrelevante.

Por ahí va el secreto mejor guardado de los partidos conservadores que son capaces de gobernar, como el Popular de Rajoy: conocimiento del terreno, olfato, una buena brújula y resistencia, naturalmente. Pero sólo con ésta no llegarían al poder.

Sin embargo de ahí parten las quejas de quienes advierten de la pérdida de algunas esencias. Y también de ahí la desnaturalización de los principios del conservadurismo liberal en beneficio de postulados inicialmente atribuibles a la socialdemocracia.

La realidad es que España es más conservadora que liberal, y más socialista que socialdemócrata. Lo primero guarda bastante relación con los horrores del rosario de guerras civiles que nos precedieron; lo segundo, del franquismo. Sigue

Pero, en qué país vivimos

Mas y las imputadas

Mas y las imputadas

Es sorprendente la distancia que media entre lo que las noticias cuentan de España y lo que los españoles ven, sienten y dicen de España. Y luego está la realidad, claro, tan extraña a quienes acaban abducidos tras sus recorridos por radios, teles, periódicos y las llamadas redes sociales.

Este país tan lamentable, acosado por el hambre, el paro y demás desgracias que dan vida a los que trabajan para cargarse nuestra forma de vida, resulta que no es como lo pintan. En el sondeo recién salido del CIS los españoles se manifiestan más felices que infelices, y no por los pelos: el 86% frente a un 13%, lo que revela que esto aún no está listo para la revolución.

Y es que yéndonos a la situación económica de cada cual también resulta que un 33,5% confiesa que es muy buena o buena, frente al 16,4% que se lamenta de ser mala o muy mala; en medio el 49,8% dice que regular. Y pensando en cómo les irá dentro de un año, el 19,9% piensa que mejor frente a un 7,2% de teme ir a peor.

El paro, primer problema nacional. Sumando quienes han perdido sus puestos con quienes buscan un primer empleo, en paro se declara el 17,6%. Y de los que tienen trabajo, el 78,6% tiene poco o ningún temor a perderlo.

¿De qué país hablan las noticias que nos aturden a todas horas por doquier? Sigue